martes 6 de octubre de 2009

Interrogaciones

Se pasa la tarde sentada escuchando las palabras de otros, pensando en las letras de los demás, pero cuando intenta juntar las suyas siente cómo se caen del folio. Una a una se precipitan y forman el punto de la interrogación. Una interrogación cada vez más grande que esconde una respuesta que aún no puede ver porque las vendas del tiempo ciegan y apagan su esperanza.

Mañana será otro día en el que tendrá que seguir trabajando aún si saber qué le espera. Otro día en el que una palabra más se unirá a esas otras tantas que antes que ella llegaron a sus pensamientos.

(Publicado en Sopa de Relatos)

jueves 23 de julio de 2009

Una historia que pudo ser


Mi dueño se ha ido
y el viento arrecia fuerte
mientras las dudas me golpean
y el parasito de la soledad
deshace mis entrañas

Los recuerdos no se van...

y en el folio blanco
se han vertido las lágrimas de mi rimel
escribiendo la continuacion
de una historia que jamás será
porque no me dejaste que sea



jueves 16 de julio de 2009

Muestramelas

Muéstrame tus manos

Déjamelas esta noche

Sé que lo necesitas

No me rehúyas en el ruido

Y te escondas solo en la oscuridad

Son mis manos

Ahora, las que calientes

Por ese amor

que un día me diste

Hoy te buscan a ti

Para darles calor,

dejar que llores en ellas

y seguir amándote

miércoles 15 de julio de 2009

De Excursión

Escribí esta historia hace ya unos años, estando en segundo de la ESO.

Lucía estaba de excursión con sus compañeros de clase. Durante la merienda se ausentó por un instante para buscar una papelera, cuando volvió no había nadie. Sólo estaban las marcas de las ruedas del autobús. Lucía se preguntó qué podía haber pasado. Vio que además había restos de comida y que las mochilas de sus compañeros estaban allí. Se extrañó mucho al verlas y no ver a nadie. Se sentó a terminar de comer y oyó que algo se movía entre los matorrales. Se acercó sigilosamente. Ya nada se movía, pero continuo andando, atravesó los matorrales y cayó por un gran y profundo agujero.

Aquel gran agujero le llevó hasta un OVNI. Se quedó con la boca abierta al ver a sus compañeros metidos en unos tubos llenos de cables. No había nadie más que ellos. No sabía qué hacer. Estaba observándoles cuando se dio cuenta de que faltaba uno. Tenía que salvar a todos pero no sabía cómo. Así que decidió explorar qué podía encontrarse en aquella nave extraña.

Salió de la sala. Se encontraba en un pasillo, el cual tenía puertas tanto a la derecha como a la izquierda. Abrió la primera puerta a la derecha lentamente, pero cuando oyó voces tras la puerta la dejo abierta un poco, no entendió de lo que hablaban pero supuso que estaban dialogando sobre sus compañeros. Tenían a uno de ellos, Bob, el mejor amigo de Lucía. Le estaban tomando medidas de su cabeza. Vio la cara de su amigo. Estaba temblando, sudoroso. Se dio cuenta de que su amiga estaba tras la puerta pero no dijo nada, Los dos extraterrestres se acercaron donde estaba lucia. Por suerte no la vieron. Cuando estuvieron lo suficientemente alejados Lucía entró en la sala en la que estaba su amigo.

Lucia le preguntó cómo habían llegado hasta allí.

-Estábamos comiendo cuando de pronto oímos un ruido extraño y vimos que algo bajaba. Nos quedamos con la boca abierta, nunca nadie había visto algo así. Al momento bajaron los mismos que estaban aquí y nos llevaron a todos con ellos y ahora están experimentando con nosotros. No tengo idea de lo que quieren. ¿Pero y tú cómo has llegado hasta aquí?

-He caído por un agujero

-oigo pasos, escóndete, rápido, creo que ya vienen-interrumpió a Lucia

¿Qué queréis de nosotros?

-Qué queremos? queremos vuestros cerebros Ahora, ¡cállate! ven con nosotros

Antes de que se lo llevaran Lucia salió de su escondite.

-No. él no va con vosotros. El se queda conmigo

-¿Tú quien te crees que eres para venir aquí?

-Soy su amiga y no dejaré que le hagan daño. Ni a él ni a ninguno de mis compañeros-

Los dos amigos hablaron en su idioma. Parecían que tenían intenciones de coger a Lucia pero...

-¡Corre!-gritó Lucía a Bob

Los dos corrieron hasta llegar a un cuarto y rápidamente cerraron la puerta, encendieron la luz y vieron que aquel cuarto tenía dos camas y una ventana, no había nada más. Pronto se dieron cuenta de que querían entrar y se vieron atrapados. No veían ningún sitio por el que salir. Estaban ansiosos por salir de allí. De pronto Bob vio una rejilla en el techo, encima de una de las camas. La abrió y justo a tiempo, antes de que hubieran entrando consiguieron subir.

Salieron donde estaban sus compañeros. Se les ocurrió sacarlos pero en ese momento llegaron cuatro extraterrestres. Uno de ellos cogió a Lucia pero antes de que se dieran cuenta Bob se escondió.

-Sal enano, sabemos que estas ahí

-Déjalo, ya saldrá cuando quiera

-¿Qué hacemos con ella?

-Tenedla vigilada, es muy lista. Bien, tú, conduce

-Lucía, Lucía-llamo Bob susurrando-estoy aquí. ¿Qué quieres que haga?

En un instante salieron de la Tierra. Mientras tanto, los demás compañeros se fueron despertando. Bob y Lucía que se dieron cuenta les dijeron que siguieran haciéndose los dormidos y mientras Bob les iría desatando y quitando los cables. Lucía para despistar a los cuatro les pregunto cómo se conducía la nave. Mientras uno se lo explicaba, otro la vigilaba y los demás como veían que sobraban se marcharon. Bob termino con sus compañeros que sigilosamente fueron saliendo por la puerta. Lucia preguntó dónde estaban los servicios y uno de ellos la acompañó. Bob se quedó sólo con el otro extraterrestre. Cogió uno de los cables y se lo enroscó en el cuello, y se enfrascaron en una lucha terrible. Mientras tanto, Lucía acompañada del otro volvía a la sala de mandos. Lucia dio una patada al extraterrestre y corrió a ayudar a su amigo. Consiguieron enroscar el cable al cuello y ahogarlo, pero Lucia se vio atrapada en las garras del otro.

Nadie lo sabía, nadie se había dado cuenta pero había alguien escondido detrás de uno de los tubos. Era una de las amigas de Lucia y Bob. Salió del escondite con una bolsa de plástico y una cuerda con la que ató al extraterrestre. Con la ayuda de los tres tiraron al espacio a los dos. Pero aun quedaban dos.

-¿Qué haces aquí? ¿Porque no has salido junto a los demás?

-Tenía que ayudaros. Una amiga nunca deja a sus amigos solos y menos cuando necesitan ayuda.

-gracias, salgamos de aquí. Tenemos que encontrar a los otros

-yo sé donde se encuentran. Les he dicho que fueran a la segunda puerta a la derecha. Vamos para allá

Entraron en la segunda puerta y vieron que estaban allí. Entre los tres les contaron lo que tenían pensado y así Lucía se fue a buscar a los otros dos para decirles que los necesitaban en la sala de mandos y que tenían que ir rápido. Mientras, unos le esperaban en la sala, otros a la derecha y a la izquierda.

Cuando entraron en la sala vieron que no estaban sus jefes y decidieron irse hacia atrás, pero unos pocos les esperaban. Al mismo tiempo salieron por su derecha e izquierda. Se vieron atrapados. Todos corrieron hacia ellos y les ataron con cuerdas y les echaron al espacio.

Celebraron que se libraron de los extraterrestres. Ahora tenían que volver a casa. Lucia y Bob se quedaron al mando conduciendo aquella nave. Pero ninguno sabía.

-¿Te acuerdas de algo de lo que te dijeron?

-No mucho… estos mandos… creo que sirven para... ¿Girar? A ver… ¡sí!

-Bien entonces lo demás está chupado

Controlando aquella nave al fin consiguieron llegar a Tierra. Hicieron fotos de la nave y llamaron a la NASA, la cual se quedó con el OVNI y otorgaron un premio a los chicos.



sábado 13 de junio de 2009

Ultimo Sueño



Mira en lo que nos hemos convertido. Tu sentada ante el televisor. Y yo…. Sí, yo estoy aún aquí, contigo. Pero no me quieres escuchar y yo ya no sé cómo solucionarlo. No sé cómo hemos podido llegar a esto. ¿Por qué no dejas de mirar la televisión y me miras a mí? No entiendo nada. ¿Dónde has ido? ¿Dónde he ido yo? ¿Dónde estamos? Nada de esto tiene sentido. Me gustaría que volvieras y que todo fuera como antes pero he acabado comprendiendo que no es posible.

Te miro y recuerdo aquel día que te vi por vez primera bajando las escaleras de la facultad. Llevabas esa preciosa melena morena suelta e ibas con una carpeta llena de apuntes. Unos pantalones cortos dejaban ver la belleza de tus piernas y la camiseta era tan corta que podía verse tu ombligo. Ese ombligo con el que tantas veces después me has dejado juguetear. Te dirigías a la cafetería y chocamos. Tus hojas y las mías se entremezclaron. Tras agacharnos y levantarnos pude ver mejor tus ojos verdes. “¿tienes algo que hacer?”- tu voz me pareció angelical y era lo único que podía oír a pesar del bullicio que había en aquel pasillo.

Acabamos tomando unas cervezas en la cafetería y mientras yo me quedaba embobado e intentaba despertarme veía cómo ordenabas tus apuntes y los míos. De repente sentí un fuerte golpe en la nuca. Era mi hermano, que había acabo sus clases. Se metió en medio de la conversación, que nunca recordaré de qué iba y dos meses después estabais saliendo. Pasaron los años y acabamos graduándonos juntos. En el viaje de fin de carrera, aprovechando que lo habías dejado con mi hermano, te hablé de mis sentimientos. Recuerdo que me pediste tiempo y eso hice, esperarte. Cuando por fin te decidiste me hiciste una de las personas más felices y te prometí que no te dejaría sola. Así he hecho todos estos años. Hemos pasado por muchas cosas. La enfermedad de tus padres, la de los míos, la muerte de tu hermana de cáncer y la desaparición de mi sobrino, del que aún no sabemos nada y hemos estado juntos. Pero ahora me siento solo. Siento que me has abandonado. Sí, tú cuerpo está aquí pero ¿qué ha sido de tus recuerdos? ¿De todo lo que hemos vivido? ¿Qué ha sido de estos 25 años, como pareja? ¿Y de esa voz que me decía que me quería? No espero respuestas, ya hace mucho que no las espero y aunque no lo he comprendido aún, sé que no puedes dármelas. Estabas tan llena de vida y ahora tu cuerpo casi está inerte y tu cerebro seco como una pasa. No puedo hacer esto sólo. Pero no hemos tenido hijos a los que poder pedir ayuda y las del gobierno no llegan y si lo hacen son insuficientes.

Pero ¿Me ves? ¿Me entiendes? Mírame y hazme un gesto de que me entiendes, de que te llegan mis palabras o de que sabes quién soy. Mira. Mis ojos están húmedos. No han parado de llorar en todos estos días desde que me dejaste de hablar. Te echo de menos, cariño. A veces me parece ver que me miras y me entiendes. No sé qué significa esa media sonrisa Ojala esto sólo fuera un sueño, una pesadilla o una simple broma tuya pero no puede ser. Son ya dos años viviendo así. ¿Sabes? Me han preguntado por ti. Todos me preguntan por ti. Te echan de menos, igual que yo. Me dicen que eres muy joven, que no debería estar permitido llegar así a los 50. Y yo sólo puedo responderles que todo fue muy rápido y que nos dimos cuenta demasiado tarde. Entonces siempre se hace un silencio. ¿Quieres algo? ¿Estás bien? No entiendo qué me quieres decir con esos ruidos. Bueno, ya va siendo hora de irse a dormir. Desde hace dos semanas ni siquiera te quejas de que te coja. Cuando empezamos a vivir juntos me decías que me acostaba muy pronto y me obligabas a quedarme contigo en el sofá un poco más. Yo me quedaba dormido en tu regazo, como un bebé, por eso me llamabas tú bebé. No sabes cuánto hecho de menos aquellos momentos. Pero venga, ahora a dormir. Y cada vez me cuesta menos cogerte, quizá sea porque me he acostumbrado a llevarte de un sitio para otro y no me parece que peses tanto o que de verdad has perdido peso. Ya estas, en el lado que siempre te ha gustado dormir, junto a la ventana para poder sentir la brisa del verano. Mira, cuántas estrellas han salido hoy. Quieren despedirse, hoy no vienen solo a darte las buenas noches, y la luna no está tan brillante, está triste y apagada. No sonríe como cuando la mirábamos hace dos años. Tomate esto, así bien. ¿Está fresquita, verdad? Ahora túmbate, así. Hoy te toca a ti dormirte sobre mí. Prometí no dejarte sola y lo cumpliré. Me toca a mí. Beberé un poco yo también, así dormiré antes y mejor…