Buscar

Cargando...

viernes 13 de enero de 2012

¿Cómo alejar los fantasmas?

¿Sabes? Cuando pienso en ti se me dibuja una sonrisa, pero al instante un suspiro deja escapar un trocito de mi alma. Sé que lo que pasa por tu mente es lo mismo. Pesan los días y las decisiones no llegan a su fin. Parece que estás en el principio y que no hay un final bueno.Todo es cada vez más negro y nadie parece entenderte. 

Bueno, yo sólo sé que estoy aquí. Esperando a que todo acabe para volver a verte como eras porque te echo de menos. Y me dirás que estás, que no te tengo porque echar de menos. Pero no puedo evitar mirar detrás de mí y ver cómo eras. No se trata de que hayas cambiado. No lo has hecho, sé que esa parte de ti que necesito aún está ahí. Me gustaría poderte ayudar y que me la puedes regalar de nuevo, otra vez, poquitos a poquitos y día a día sin pensar en el siempre, llegar al siempre porque construimos juntos cada día como tú me enseñas.

Quiero poderte decir "¿Lo ves? ¿Ves cómo podías?" y llorar de alegría y que por fin tengas más ganas de besos que de abrazos, que pueda besarte sin que estés pensado y recibir el regalo de tus labios una vez más. ¿No dicen que los hombres no piensan? ¿Que no tienen nada en la cabeza? Sin embargo, no consigo que dejes de hacerlo. Quisiera oír cuando te pregunto en qué piensas, que no piensas en nada. 

Hay prisas, cada vez más, por terminar y empezar de nuevo. Pero necesitas descansar, dormir un poco y alejar  los malos sueños que te aguardan cada noche. Le he dado tantas vueltas, no sé cómo hacerlo. No podemos irnos, ni tú, ni yo. Sólo puedo darte unas horas, que son las migajas de todo el tiempo que quisiera darte.  Media hora en tu casa, otra media en la mía y aún así vuelves a soñar. ¿Cómo alejar los fantasmas? Ya he probado con susurros, con mensajes, con abrazos, cogiendo tu mano, pero falta algo más y no se qué es.

Y aún no he terminado de escribir cuando ya he mojado el teclado con el que escribo porque mi alma ha decidido ser un puzzle más que reconstruir cuando piensa en lo nuestro. 

Creo en ti porque un día tú empezaste a creer en mí, porque si no fuera por los detalles pensaría que esto ha acabado pero cuando te abrazo, te miro, y siento que esto es sólo un bache y que saldremos juntos.



Share/Bookmark

lunes 12 de diciembre de 2011

Frío, oscuridad y lejanía.

Despertar para dormir,
Dormir para no pensar.
El canto se hace grito.
El grito calla
Y cual hábil silencio
Escucha el tiempo.
Tiempo que se rompe
Cuál frágil cristal
Cuando el pensamiento
Lee lo que un día fue.
Y manchas de negra sangre
Cubren el amarillo.
Desesperanza, pesimismo,
y una voz que dice
“Todo puede ir a peor”.
Frío, oscuridad y lejanía
Soledad y miedo
al verse reflejado en el abismo.
Share/Bookmark

viernes 23 de septiembre de 2011

Vuelve

Hace mucho que no escribo nada. Por tiempo, por cansancio, o quizás porque las musas me hayan abandonado desde que lo hiciste tú. Tampoco me han dicho porqué se han ido. No lo entiendo. Al igual que tampoco entiendo porqué cada vez que miro a mi alrededor no veo ya nada. Nada de lo que habíamos planeado juntos se ha podido convertir en realidad. Aún sí, no sé cómo, todavía siento. Siento escalofríos que recorren mi cuerpo, y una mano suave que me acaricia la espalda como cuando estábamos los dos tumbados, desnudos, sin necesidad de haber hecho nada más. Pero cuando abro los ojos, tengo miedo porque veo que estoy sola. Tiemblo, porque me he perdido. Si no fuera porque aún siento, sino fuera por tu recuerdo tampoco estaría yo.


Share/Bookmark

Decisión

Hemos pasado cuatro años juntos y hemos tenido problemas que hemos ido solucionando y que han hecho más fuerte nuestra relación.
Pero tu desesperación actual puede llevar a que deje mis principios aún lado. Y eso supone dar de lado cuatro, seis y hasta ocho años de duro esfuerzo y trabajo, y dar la razón a los que dicen que no hay que esforzarse.
Tiraste un muro que jamás creí que caería, pero que cayó. Te dejé tirarlo porque en el fondo sabía que era mejor para mí. Pero todo este tiempo, todas las decisiones que he postergado para que algunas ni siquiera puedan llegar a ser realidad han merecido la pena, hasta ahora. Olvidarme de sueños para ayudarte a cumplir los tuyos. Sin embargo, ahora no puedo hacerlo. No puedo desenganchar el cable que me une a esa máquina del esfuerzo tan fácilmente. Sé que no hay tiempo para tomar la decisión, y que el destino ya está escrito. Pero también sé que los sueños que no cumplí no te los echaré en cara nunca, porque no todos los conoces, y confío aún que no los sepas, y porqué fue decisión mía.
Hay tantos peros para no hacerlo, para no ayudarte esta vez. Sí sale bien será genial, tendrás más tiempo para lo demás, y no te sentirás tan agobiado. Pero, ¿te has planteado si sale mal? Si sale mal, me dirás ¿Y ahora, qué¿ Y otra vez tendré que decirte yo que hacer. No puedo decidir por ti. Sí por mí.
Decía que hay muchos peros para no hacerlo. Y un sólo pero para hacerlo, el mismo pero es la respuesta a la pregunta “¿Me quieres tanto que duele?”-“Sí. Te amo, tanto que duele”. Y duele porque quiero que todo salga bien, pero no a costa de bombardear mis principios, con un sistema de pinganillos, y cámaras ocultas.
No puedo preguntarle a nadie qué hacer. No es lo mío, preguntar a los demás para tomar una decisión. Te conozco mejor que nadie, según tus palabras, y por eso debería ser yo quien estuviese al otro lado para ayudarte, y tenderte mi voz.
Yo he estado horas, veranos y academias con lo mismo que tú. No se trata de moral, ni de ética. Se trata de una lucha que para mí tampoco ha sido fácil para llegar a lo que conoces.
Quiero seguir luchando contigo, juntos.
Tu novia

Share/Bookmark

lunes 17 de mayo de 2010

Quiero ser un perro

Me llaman Fe, de Felina. Mi dueña es la hija pequeña de una familia de granjeros. Tiene cuatro años, y se llama Sussi. Mi piel es suave y blanquita. Soy una gatita muy presumida y muy lista. No necesito que me bañen y cuando quiero ir al baño lo hago yo solita.
No como Be. Be es Beethoven, un perro muy grande que nunca se está quieto, y que se hace caca y pis en cualquier sitio. Beethoven siempre está jugando con Lucas, el hermano mayor de Sussi, que tiene siete años.
Mientras Be se va con el papá de Lucas y Sussi a cuidar de las ovejas, yo me quedo sola en casa, cazando ratones. Hasta que me aburro y me tumbo en la cama de mi dueña. Porque cuando ella está no me dejan, y a Be sí. ¿Por qué? Él es más grande y ocupa toda la cama. Yo, en cambio, soy pequeñita.
Yo quiero ser como Be. Siempre juegan con él, le hacen caricias, le llevan al médico. A mí siempre me dejan sola.
Por eso quiero ser un perro. Pero más grande que Be. Tener una casita para mí en el jardín y que me den las sobras de la comida. Quiero dejar de comer ratones, no me gustan. Pero mi mamá me dice que siempre me tengo que comer todo aunque no me guste.
Por eso un día decidí aprender a ser un perro. Vi en la tele un programa “Aprendiendo a ser un perro” pero no era para gatos. Hablé con Miau, un gato negro que viene a menudo a verme.
Me dijo que tenía que babear. Qué asco pensé yo, pero bueno, si quería ser uno de ellos tendría que hacerlo. Así que babée. La primera vez no salió muy bien pero después de intentarlo varias veces lo logré. “Ahora, tendrás que aprender a ponerte sobre dos patas y a dar la patita”. Después me enseñó que tenía que hacer pis donde yo quisiera, y a lamer la cara a mis amos.
Pero la prueba más difícil vino después cuando me dijo que tenía que perseguir a los gatos y hacerles daño. Fue horrible, me sentía muy mal cuando veía llorar a los hijos de Miau.
La última semana que pasé de entrenamiento con Miau vimos unos videos de cómo cuidar a las ovejas. Era el último paso porque si quería ser como Be tenía que saber cómo controlar el rebaño.
Había pasado un mes pero aunque actuaba como un perro y hacía todo lo que me había dicho mi amigo, mi familia seguía sin hacerme caso e incluso me miraban raro. “Esta gata está muy rara. Va detrás de los gatos”- oía que decía Lucas.
Ni siquiera Sussi venía a cambiarme la arena de mi caja. Pensé que si veían que sabía cuidar a sus ovejas volverían a quererme. Pero me faltaba algo. No podría ir si seguían viendo que era un gato. Así que encerré a Be dentro de su casa y con ayuda de Miau me pinté unas manchas marrones para hacerme pasar él.
Cuando salieron de casa, Lucas llamó a su perro y al no verle ni oírle se asustó. Entró en casa corriendo.
-Mamá, mamá- Be ha desaparecido. No lo encuentro.
.Habrá ido a beber a la fuente de la plaza.
Pero no. Tampoco estaba allí. Su padre lo tranquilizó diciéndole que era un perro muy listo y que volvería pronto a casa.
-Ve con tu hermana a cuidar de las ovejas y verás cómo cuando vuelvas ya está aquí.
-Pero necesito a Be-respondió Lucas entre sollozos
Lucas y Sussi salieron tristes de casa y sin que se dieran cuenta fui detrás de ellos. Ese día salvé a una oveja, pero como me había hecho pasar por Be no sabían que era yo. Resulta que una oveja tonta, pero que era la más pequeñita, se fue por el camino más difícil y por donde había más piedras. Por eso, como había visto en los videos, salté y nadé en el río aunque a mi no me gusta el agua, pero era un perro, así que nadé, nadé y nadé hasta que cogí a la oveja y la acerqué a la orilla. Mis amos corrieron hasta la orilla y cuando vieron que estaba bien me dieron un abrazo muy grande. “Por fin era un perro”-pensé.
Cuando ese día llegamos a casa, Sussi y Lucas contaron a sus papás cómo había salvado a la oveja y también se pusieron muy contentos. Durante los días siguientes todas las mañanas tenía que llevarle al papá de mis amos el periódico a la cama, y sus zapatillas. Tenía que comer comida de perro y a mi no me gustaba. No me daban las sobras.
-Esto no es para ti. Tú tienes que estar fuerte y grande y esto ayudará a crecer bien.
Hasta ese momento nadie se había dado cuenta de que yo no estaba. Pero cuando Sussi fue a limpiar mi cajita, vio que no estaba sucia y se asustó. Fue a buscarme al granero, donde yo iba a cazar los ratones, al sótano y a la buhardilla pero no me encontró. Yo quería decirle que estaba ahí con ella pero no podía. Yo era un perro, Yo era Be. Yo me sentía muy mal. No me gustaba ver a Sussi llorando. Además estaba cansada. Nunca había imaginado lo duro que es ser un perro. Todos los días trabajando, y siempre corriendo de un lado para otro. Siempre con prisas. Con lo fácil que es ser un gato, que no tienen que limpiarte y no te echan en los ojos el jabón. Empezaba a echar de menos mi comida.
Por eso decidí dejar libre a Beethoven. Quería volver a ser yo. Miau me ayudó a quitarme las manchas. Cuando me acerqué a Sussi, que estaba sentada en su habitación llorando, me abrazó muy fuerte. Ah, y Lucas, que nunca se acercaba a mí, me empezó a cambiar la cajita todos los días.
A la mañana siguiente de mi aparición me quedé sola con Beethoven. Me acerqué, con miedo, a hablarle. Creí que iba a ladrarme.
-Lo siento Be. Perdóname por lo que te he hecho.-
-¿Por qué me encerraste?
-Quería ser como tú. Antes nadie me hacía caso. No me querían. Sussi y Lucas estaban siempre contigo. Pero me he dado cuenta de que me querían. Además, tú siempre estas trabajando. No sé cómo te puede gustar.
-Me gusta ayudarles. Y aunque he estado más de una semana encerrado he tenido tiempo para descansar. Por eso gracias.
Soy Fe, soy una gatita suave y blanquita y es lo que quiero ser porque así me quiere Sussi.


Share/Bookmark